“Para alguien a quien sigo aferrado”

“Ver pasar el tiempo, una ironía,
demasiadas palabras, ningún acto,
repleto de dudas, sin alegría,
trato todo con demasiado tacto.

Silencios llenos de conversaciones,
hay muchos “te llamarés” incumplidos
que quedaron repletos de emociones,
sentimientos que acaban reprimidos.

¿Porqué querías fuera mis complejos
si tú nunca llegaste a conocerlos?
sé que siempre estuve bastante lejos,
pero tus ojos no volveré a verlos”.

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“Yo en el Prat. (Yo mitad)”

Quise sentirme solo muchas veces,
fueron tantas que ni las contaba.
Odio las noches de estos dos meses
porque triste se muere mi almohada.

Mi vida sigue en estas paredes
aunque me falta tener la sonrisa
que ya no resurge de entre tus redes
busco tus ojos desde la repisa.

“Sueños rotos”

Todo sacrificio roto por una llamada,
porque mi bolsillo permanecerá vacío,
en este momento no me sirve casi nada
y todo lo que me rodea me provoca hastío.

“Cómo destruir unas alas en quince segundos”
sería la obra de teatro de estos nueve meses,
de ver la luz a volver a agujeros profundos,
la hormiga trabajó para comerse sus heces.

Por favor, no pregunteis que es para mi la vida,
podría cometer un error irreparable,
mi esperanza ha muerto, mi ilusión anda perdida,
con setecientos euros y sin tirar del cable.

“Solo, con quinientas personas”

Solo, acompañado de quinientas personas,
una obra de teatro basada en esas canciones,
de mi provincia y de otras, de diferentes zonas
pusieron la garganta junto sus corazones.

Pero solo al notar la ausencia de compañía
al respirar un aire vetado, sin amigos,
aunque “infinito” me provocó algo de alegria
todas esas canciones eran recuerdos vivos.

Darle las gracias a un proyecto inimaginable,
a Michael Ende por gestar aquella tortuga
pinta cordura en una historia interminable,
al impulsismo de ese batería en su fuga.