“Reason is treason”

Pensó que nunca regresaría a aquella casa. La noche se apoderaba de su miedo a volver a Beverly Hills, exactamente al 10050 de Cielo Drive , ya que no había nada peor en su mente que lo que sus ojos llegaron a contemplar la madrugada del 8 de agosto de 1969.

Linda Kasabian tuvo que revivir todo lo ocurrido en casa de los Polansky, cómo condujo hasta la casa de los Polansky a varios miembros de “La Familia”, de la que formaba parte, viendo como entraron y asesinaron, por orden de Manson, a todos los que había en aquella casa mientras ella esperaba en el coche. Nada más salir del coche , “Tex” Watson mató al vigilante, lo que la llenó de histeria y sólo quería parar aquella espiral sangrienta. Salió del auto e intentó frenar a sus compañeros, pero le fue imposible, ya que cuando llegó a entrar en la casa Susan Atkins pintaba con la sangre de Tate “Pig” y Patricia Krenwinkel se limpiaba las manos después de poner “Helter Skelter”.

Nunca comprendió como “Tex” pudo acabar siendo el primero en asesinar al guarda Steven Parent sin causa aparente, ya que parecía un hombre entrañable y con el que ella deseaba compartir su vida. Aún sin saber si el padre de su hijo sería él o Charles Manson, la misma persona que le dijo que sería el padre que ella nunca tuvo, antes de que el LSD siguiera con el desenfreno sexual. Por lógica fue Watson, pero no lo sabría hasta mucho más tarde.

Ella, que consiguió huir de “La Familia” y volver a casa de su madre en New Hampshire, tuvo que recurrir a demasiados psicólogos para controlar su miedo a revivir esas escenas absolutamente macabras y ver las siluetas de los compañeros de fiesta de Sharon Tate, la embarazada con los senos seccionados: Abigail Folger y su novio, el cuerpo de Frykowski con la cabeza volada y cincuenta puñaladas a sus espaldas… hacía sólo dos meses nadie vaticinaba esto, lo que provocó que todo Hollywood entrara en semanas de luto.

Explicar al detalle a la policía y al juez instructor del caso la situación allí vivida y justificar el porqué volvió al rancho que era su sede en el Valle de la Muerte a por su hija, reincidiendo en el asesinato de los LaBianca, donde definitivamente se escapó, por no ser capaz de decir que no al loco de Manson. Fue la situación más incómoda para ella, rememorando que Roman estaba en Londres y que todo fue demasiado rápido, haciendo todo lo posible antes de huir de la secta de Charles .

Aunque antes de acabar el juicio, incluso teniendo inmunidad diplomática, Linda sabía que no tardarían en acusarla de pequeños robos y varias fechorías realizadas por “La Familia” en los que participó activamente y huyó de nuevo, pero esta vez de la justicia, manteniéndose en paradero desconocido hasta día de hoy.

“Elka”

Con todo apagado, miro para arriba y pienso en todas las aventuras y sueños compartidos, en noches de sinceridad, en nuestras variopintas guerras de cosquillas, los reencuentros después de semanas sin poder ver esos ojos…

Pero ahora esa luz no existe, al igual que la portada del segundo disco de Maga ¿la recuerdas? Estoy seguro de que si, la del chico con la bufanda encima de un planeta que parecía “El Principito”, esa que tanto te gustaba, al menos cuando estabas conmigo, recordando tantas frases de “Elka” como tu boca era capaz de recordar, aunque siempre me quedaré con la última frase de la canción.

Mi gótica de mirada profunda, por la cual perdí el sentido de tal manera que me quedé ciego, tan ciego que no veo otra mujer que me acompañase en mi día a día. Ahora obviaremos todas esas bobadas que tuvimos en ocasiones dentro de nuestras locas cabezas, las que hablaban de vivir el presente ya marchito, opaco.

La felicidad se mantuvo en el nido que era nuestra casa, repleta de canciones que eran bandas sonoras cambiadas por momentos vividos, de películas de terror que nunca llegamos a acabar y de ti, que era lo más importante que ha pasado por mi vida.

El único sábado que dedicamos a salir del “nosotros” habitual, nos despistamos al cruzar una calle con tan mala suerte que, a esas horas, un conductor ebrio nos hizo tocar el cielo y dar de bruces contra el suelo…

A día de hoy ninguno de los dos somos seres materiales, pero aún recuerdo la última frase que me dijiste antes de ser embestidos, mi preferida de esa canción:

“En silencio los dos, sin nadie que nos vea”.

“Amor materno”

El murmullo general se diluye
y queda en evidencia su suave voz.
Ella, con su sonrisa enfrascada en ternura,
él, con la sorpresa de conocer el mundo,
cada consejo, cada “mamá”, cada abrazo
es un nuevo aprendizaje a la luz del día,
una lección del cachorro, el orgullo de la madre.

Por descubrir todos los sueños que viven en su mente
cambiaría toda la vida por ver cuando sus ojos brillan
intentando llevarlo por el camino que siempre deseó
intentando que sea el más feliz sobre la tierra.

Puede que nunca llegue a vivir ese acto tan bello
que es ver el dulce principio de una nueva vida,
pero quisiera ser madre para poder llegar a sentirlo,
ver que es el fruto de mi vientre, parte de mí.

Siempre que el bebé escucha su tierna llamada,
las miradas se dispersan y quedan ellos dos, solos.

“El chico de los sueños rotos”

Querido diario:

Muchas veces he perdido la razón por una mujer que ha pasado por mi corta vida y ahora tengo el temor de que me vuelva a suceder pero aún sabiendo que me dolerá, lo intento razonar.

Si Dios, por mera casualidad, existiera se daría cuenta de que en cada coito buscaba que no se quedara solo ahí, como un clavo hincado en una madera, si no que llegará a ser algo más que un momento de placer. Pero, al parecer, no ha llegado mi momento todavía y cada vez que me imagino con el cielo despejado, una insolación sufre mi mente y vuelvo a caer en ese oscuro pozo en el cual no me dejan usar nada más que mi extremidad superior derecha con un lápiz adherido y una libreta a rayas enfrente, forzándome a escribir sentimientos enfrentados que me hacen llorar tanto que mis ojos sufren de sed hasta que me libero de todo mal recuerdo, consiguiendo alcanzar un estado que transforma el suelo más rugoso en un camino de felpa y cada lágrima expulsada en un rayo de felicidad, haciéndome sentir cual hombre con corazón nuevo, pero que observa con miedo desde un lejano mirador cada dolorosa estalactita colgada en mi cavernosa memoria.

Ojalá pudiera caminar siempre por un riel predeterminado y no tuviera miedo a volver a fracasar y olvidarme de tirar el azaroso dado que es tomar nuestras propias decisiones, siendo su final tan distinto que me puede sumergir y adherirme al fondo del mar como un alga o acabar colgado en una cruz, como si todo lo realizado hasta esa fecha fuera delito.

Mi mejor amigo me dijo en una ocasión “el sol no mata, pero duele”. Al principio me reía, pero al fin he visto que lleva más razón que un rey en el medievo, porque por el día recorren mi sien las noches con olor a menta en una habitación que no es la mía, mi sueño incumplido de tener un hijo con esa persona que aparece en todos mis sueños, es momento tan gesticulador en el que ella y yo nos pedíamos una soledad compartida…

De momento reina la arena, donde antes casi todo era cal, en todos esos momentos señalados por mi absurdo dedo que sabe tocar donde duele, como una loba cuando atacan a sus crías, pero que con el paso del tiempo esos recuerdos se volatilizan muy lentamente, como si fuera una nube, porque cada una de sus miradas dejaron marcas diferentes, haciéndome carecer de compañía a la hora del té, de un pie de mi gusto con el que juguetear en la oscuridad, de los jerseys de lana sin nada debajo en pleno invierno o de montar con su compañía cada mueble de nuestra futura casa, ya inexistente.

Puede que me encerrara en una historia tan bonita que volver a sufrir otro triste final no me dejaría intentar caminar hacia adelante.

Todo lo escrito es una aproximación a lo que tengo dentro en muchos momentos, algo con ganas de ver la luz y que nunca dará ese salto, porque esta hoja si no sigue en este diario se enterrará junto a las raíces del árbol donde nuestros nombres están marcados en su tronco.

Ella y yo.

Primer ejercicio de “El Taller”

Poca gente sabe en esta vida algo insana todo el amor que profeso al verso,algo menos a la prosa, pero a la literatura en sí, la cual puede darle vida incluso al séptimo arte, el cine, sentir una relación en una historia romántica, creer como tuyo el sexo realizado en una novela erótica o ir de viaje por galaxias infinitas en un relato de ciencia ficción.

Y toda esa magia sale de unas letras encadenadas con un toque de tantos escritores, desde famosos a desconocidos, que desde una idea impregnaron un papel más vivo de lo que nos podemos imaginar.

Gracias a todos por ello.

Segundo ejercicio de “El Taller”

En nuestro interior tenemos un pequeño árbol, cual bonsai. que se esconde detrás de cada hoja dando su verde esperanza a nuestra alma, provocándonos un salto hacia la luz, como pequeña aproximación buscando eso que llamamos felicidad. Nuestras mentes son como un mueble llenos de ovillos de lana tan liados como nuestros pensamientos, que darán vida a ideas similares a la ropa, de gusto variado, desde un jersey hasta el calcetín que abriga tu pie. Todo rellenado de aventuras diarias y de experiencias variadas. Todo lo que puedes cabilar cuando te relajas, tomando el de la mañana recordando las marcas de la noche, intercambiando miradas con quien las provocó.

La misma chica que señalaba una nube con forma de animal, y como “nube” es femenino, era una loba. Matábamos las risas con mimos que parten desde el dedo y abrazábamos almohadas cuando nos faltaba el otro. Después de la arena, llega la cal. Nunca se mantiene verde lo que realmente deseas, sino que con el otoño las hojas se secan y la chica soñadora se transforma en bruja y el loco gesticulador (ese que buscaba tu risa como forma de vida y sus gestos eran tan variopintos que te resultaban divertidos) se transforma en Triste, el hijo menor de Tristeza. En mi cama mantiene su hueco, en mi cuarto las velas con olor a menta siguen manteniéndole en mi sien pero nunca quise perderla y me creí rey que al fin dirigía al sol, pero en realidad sigo siendo el amigo de la botella abierta soportando su propia cruz.

Ahora, toda hoja se ha convertido en alga, porque acabé hundido, al vivir del azar de su persona, el dado del destino me falló y ahora el cielo cada  vez me pilla  más lejos, porque en cada pie llevo un riel diferente y no me deja ver la superficie de este mar de lágrimas.  Intento cobijarme dentro de una cueva en la que siempre alguna estalactita apunta hacia mí e intento esquivarlas, pero saben donde estoy en cada momento. Ya no quiero ver el cielo, sino crear un mirador dirigido a su corazón a ver si sigue habiendo restos de mí en su interior.

Espero que esté alegre aquel hombre que partió como un rayo mis esperanzas de volver y me hizo recibir una felpa que no olvido todavía, porque mi sed no se sacia con un poco sino con toda ella, era mi tercer pie, mi brazo de urgencia, mi extremidad oportuna. Pero mis algas se secan por insolación y no volverán a renacer al parecer.

Me queda el refrán que dice que “un clavo saca a otro clavo”, pero sé que en todo coito ella llamaba a dios y ahora tengo el temor de que esa mujer mentía por hacerme sentir feliz.