“El despertar del monstruo” de Klaus Poppe.

Había una vez una cueva tapada por una piedra muy, muy grande. Las leyendas decían que dentro había un monstruo dormido.

El niño más infeliz de la aldea habría dado lo que fuera para dominar el mundo.

El niño le preguntó a un anciano: “¿Cómo puedo despertar al monstruo?”. El anciano lo contestó: “Tienes que llamarlo por el nombre de la persona más amada en el mundo”.

Precisamente ese día había una boda en el pueblo. Todos cantaban y bailaban felices.
El niño vio a los novios y pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!”
El niño fue a la cueva y gritó: “¡Mazenka! ¡Pepîcek!”, pero aquello no despertó al monstruo.

En la aldea había un hombre muy fuerte al que todos admiraban.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre del hombre: “¡Jiri!”, pero aquello tampoco despertó al monstruo.

En la aldea había una muchacha que cantaba muy bien y hechizaba a todos con su voz.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de la muchacha: “¡Magdalenka!”, pero tampoco así despertó al monstruo.

En la aldea había un abuelo y una abuela que llevaban muchos, muchos años casados. Tenían un montón de hijos y nietos.
El niño pensó: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada del mundo!”.
El niño fue a la cueva y gritó el nombre de los abuelos “¡Bozenka! ¡Venousek!”, pero ni con esas despertó al monstruo.

Al ver tantas personas amadas el niño se sintió como si dominara el mundo y se olvidó de la cueva.

Pero un día encontró a una mujer que lloraba sola en un lugar apartado de la aldea: “¡Mi hijo se ha perdido! ¡Se lo han llevado los duendes!”.
La mujer le contó llorando cuanto amaba a su hijo y le dijo su nombre.
El niño se quedó asombrado: “¡Ahora ya sé quién es la persona más amada en el mundo!”.
El niño se fue a la cueva y gritó bien fuerte su nombre.
La piedra se movió lentamente. Cuando el niño vio al monstruo…

Grush, Grush, ñam, ñam, grumpf, grumpf… ¡Glucks!

El niño se llamaba…

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“El monstruo sin nombre” de Klaus Poppe

Érase una vez, en un país muy lejano, un monstruo sin nombre. El monstruo deseaba un nombre con todas sus fuerzas, así que el monstruo decidió salir de viaje en busca de un nombre.

Pero el mundo es grande, así que se dividió en dos para continuar el camino. Uno de ellos fue al Este y el otro al Oeste.

El monstruo que fue al Este encontró una aldea, allí encontró un herrero a la entrada.

“Oh, señor herrero, por favor deme su nombre”
le suplicaba.

“No pienso darte mi nombre”
protestaba el herrero.

“Si me das tu nombre, a cambio, me introduciré en ti y te haré mas fuerte”
.

“¿En serio?” dijo incrédulo “Si me vas a volver mas fuerte, te daré mi nombre”.

El monstruo entró en el herrero, y así el monstruo se convirtió en el herrero, Otto. Otto era el hombre más fuerte de la aldea. Sin embargo un día…

“¡Miradme! ¡miradme!” gritaba Otto. “¡Mirad que grande se ha hecho el monstruo en mi interior!”
.


“Grush Grush, Ñam Ñam, Grumpf Grumpf, Glup”
. El monstruo, que tenía mucha hambre, se comió a Otto desde dentro, y volvió a ser un monstruo sin nombre.

Aunque también se introdujo en el zapatero Hans… “Grush Grush, Ñam Ñam, Grumpf Grumpf, Glup”. Volvió a ser un monstruo sin nombre.

Aunque también se introdujo en el cazador Tomas… “Grush Grush, Ñam Ñam, Grumpf Grumpf, Glup”. Una vez mas volvió a ser un monstruo sin nombre.

El monstruo entro en el castillo para buscar un buen nombre. En el castillo había un niño enfermo.

“Si me das tu nombre, te haré más fuerte”
tentaba el monstruo al niño.

“Si logras que me recupere y me haces más fuerte, te daré mi nombre” pidió el jovencito.

El monstruo se introdujo en el niño. El niño se recuperó totalmente. El Rey estaba muy contento.

“¡El Príncipe se ha curado! ¡el Príncipe se ha curado!” gritaba alegre el Rey.

Al monstruo le gustó el nombre del niño y también la vida en el castillo. Por lo tanto, aunque se moría de hambre, se contenía. Aunque cada vez tenía mas hambre, se contenía. Pero llego a tener tanta hambre…

“¡Miradme! ¡Miradme! ¡Mirad que grande se ha hecho el monstruo en mi interior!”. El niño se comió a sus sirvientes y a su padre, a todos.“Grush Grush, Ñam Ñam, Grumpf Grumpf, Glup”.

Ya que no quedaba nadie, el niño se fue de viaje. Caminó y caminó durante varios días.

Un día, el niño se encontró con el monstruo que había ido al Oeste.

“Yo tengo nombre, es un nombre muy bonito”.

El monstruo que fue al Oeste dijo “No necesitas un nombre, puedes ser feliz sin uno. Somos monstruos sin nombre al fin y al cabo”.

El niño se comió al monstruo que había ido al Oeste. Aunque por fin había conseguido un nombre, no quedaba nadie que lo pudiera llamar por el, aun siendo Johan un nombre tan bonito.