Crónicas de Henrik (Prólogo)

…Y fingiendo tropezar, para recibir todo el poder de los dioses, se encaminó hacia el Meteoro Inamovible y, consiguiendo que temblaran el cielo y la tierra, Henrik demostró portar en sus espaldas el poder del Elegido por los ancestros para ser el héroe de todo Dantor.

Extraido del libro “Historia y Leyenda de Dantor”.

A dos kilómetros de Sunal, la sede militar de Dantor, había una gran hacienda donde Yamiel tenía casi todo lo necesario para poder hacer vida en ella sin necesidad de desplazarse: un establo para los caballos y los mulos, su extensa huerta, una pequeña herrería, un gallinero, su almacen de reservas, un pozo inagotable y una casa digna de un marqués.

La casa era su pequeño reino, con un amplio comedor para que comiesen todos los empleados junto a él, una cocina con su horno en una esquina, una habitación destinada a los hombres de la casa y otra a las mujeres y niños,la habitación de Yamiel y la sala de actos la cual el no deseó, pero como todos sus empleados insistieron en añadirla a la casa, quedándose al final como lugar donde suelen celebrar la fiesta de la buena cosecha y el final de año.

Yamiel era una persona de mediana edad, tenía una estatura normal, delgado, con ojos claros, poseía unas manos fuertes de haber cuidado su tierra desde que tiene consciencia, canoso y con la actitud más bondadosa que recuerdan los tres. Como había conseguido con el sudor de su frente agrandar el tamaño de su pequeña huerta inicial, puso al cargo de cada actividad a su gente de confianza, contratando gente dándole comida y casa a cambio de trabajar para él.

Henrik nació y se crió en aquella hacienda. Su familia siempre habían esado allí. Bulc, su padre, empezó trabajando con el propietario muy joven y era el encargado de la huerta y su madre, Tara, era la encargada de la cocina desde el primer día.

La infancia de Henrik en aquel pequeño feudo fue bastante feliz. Desde que se enseñó a andar siempre fue acompañado del hijo del herrero, Isaak; un chaval de su misma edad, rubio, de piel clara y de complexión fuerte, pero de actitud sensible y altruista, el amigo y confesor que todos necesitamos, adicto a tocar la bandurria con la cual amenizaba los días de lluvia. Cuando los dos contaban con la edad de nueve años, vino una familia de la cual el padre se encargaría del establo, después de que el anciano Vel decidiera retirarse, con un chico que rápidamente se incorporó a la rutina del dúo inseparable, que pasó a ser trío. Su nombre era Emiliakus, era un chico bajito, delgado y con cara puntiaguda, distinguida desde lejos por su prominente nariz y su pelo negro. Le encantaba sacarle punta a cualquier comentario, hacer alguna gamberrada, buscar alguna rima obscena y sacar a Yamiel de sus casillas.

En una ocasión, los tres chicos se entretuvieron en vaciar varios colchones de paja y llenarlos de ortigas, ya que siempre que Emiliakus proponía algo, los otros dos le seguían, pero aquella vez no olvidaron el castigo impuesto por el propietario, ya que fueron obligados a dormir en esos colchones durante esa misma noche.

Cuando llegaron a la pubertad empezaron a trabajar cada uno en el empleo que desempeñaban sus respectivos padres: Henrik como agricultor, Isaak como aprendiz en la herrería y Emiliakus en el establo. La bondad de Yamiel era notoria con respecto a su gente ya que, a diferencia de la gran mayoría de capataces, el dueño de la hacienda les prestaba los caballos y les permitía salir a visitar Sunal una vez cada seis días para interactuar con gentes diferentes y no sentirse atrapados en su casa. Ese día era especial para los 3, ya que cada uno miraba las actividades que más le interesaban: Henrik por la astrología, Isaak por la música y Emiliakus por la poesía. Al anochecer se reunían en la taberna “Claymore” y después de tomarse una pinta volvían a su pequeño mundo.

El día que Henrik cumplió veinticinco años, Yamiel les dio libertad de movimiento al trío después del almuerzo en la sala de actos, ya que coincidía con el suyo. Aquella tarde decidieron pasarla los 3 juntos y adentrarse en la plaza central de aquella bella ciudad amurallada. En el centro de la plaza había colocada una enorme roca la cual era mítica en la ciudad, pero desconcían cual era su misión en el centro de la plaza. Emiliakus ideó una trastada junto a Isaak: la idea era hacer que Henrik tocara la piedra a ver la reacción de la gente del lugar.

La misión empezó como ellos querían, pero acabó de la manera más insospechada: cuando Henrik fue empujado, la tierra empezó a moverse de forma incontrolada y, al tocar aquella roca negra, se volcó hacia la dirección contraria a la que el campesino la tocó, provocando un estruendo sonido que llamó la atención de toda Sunal. La primera reacción de los tres chicos de campo fue huir de allí, pero fueron rápidamente interceptados por los guardianes de la ciudad.

Imaginaos al trío, sin saber lo que realmente habían cometido (Isaak sólo lloraba y miraba al cielo, Emiliakus culpaba a sus dos compañeros los que, según el, lo idearon todo y Henrik se miraba la mano y pedía perdón), camino de la ciudadela interior y vigilados por ocho guardias armados con alabardas y espadas en su funda, ataviados con sus relucientes cotas de malla, casco y perneras.

Al llegar al castillo militar entraron en el salón principal, de donde salió una figura caballerosa con una voz profunda y fuerte.
– ¿Quién ha sido capaz de mover el Meteoro Inamovible?
– Éste, señor -murmuró Emiliakus señalando al pobre Henrik, el cual le estaba echando una mirada fulminante.- No tenía otra cosa que hacer que volcar vuestro monumento. Mira que se lo dije, que no lo tocara, pero él ni caso…
– Usted -dijo aquel caballero señalando a Henrik, que debía de ser importante por la armadura que llevaba.- Dígame su nombre.
– Henrik, campesino de la hacienda de Yamiel, señor.
– Suba los cuatro escalones y arrodíllese ante mí.
– ¡No lo mates, señor! -Isaak con lágrimas en los ojos y con una voz ahogada.- ¡Prefiero morir yo en su lugar!
– !Cállese! -gritó iracundo el caballero de melena rubia y ojos verdes- Usted suba y arrodíllese, por favor.

Henrik caminaba abatido, cumpliendo las órdenes de ese baluarte de Sunal, pero antes de ponerse de rodillas le dijo algo que sorprendió al caballero, no si titubear durante un rato.
– Me podría decir su nombre, si a vos le place.
Asintió el caballero.
– Mi nombre es Bjorg, General de las tropas del Ejercito Real de su Majestad Elyob III.
Henrik se arrodilló de repente y no opuso resistencia, esperando un triste final.
– Encantado de haberlo conocido, general.
Bjorg sacó su espada de su funda y la puso en los hombros de Henrik y por último en su cabeza.
– Yo, Bjorg Elyob I, heredero de Elyob II y príncipe de Dantor, os declaro Duque de Sunal y Jefe supremo de las tropas de Dantor. -quitó la espada de la cabeza de Henrik y continuó hablando.- Al chillón y al otro los podéis llevar a la horca, ya que han entorpecido desde el inicio esta sagrada misión.
– ¡Esperad! -gritó Henrik sin pensárselo dos veces.- ¿Puedo nombrar a un bufón y a un músico para mi corte?
– Por supuesto, Lord Henrik, si usted lo desea…
– Admirado Bjorg,-dijo con más miedo que un zorro en una cacería.- dejad a mi bufón Emiliakus y a mi bardo oficial Isaak en libertad, ya que ellos son sirvientes de mi corte.
– Sabia elección, Lord Henrik. Añada a su séquito a este eunuco del sur de Dicnar, su nombre es Lell.
Lell era un chico de raza negra, rapado, tremendamente musculoso y con unos ojos totalmente blancosaunque él no estaba ciego.
– Gracias, su Majestad.- Añadió Henrik aún más asustado.- ¿Necesita algo más de mí?
– Si, estimado Henrik. Vayámonos al estudio a concretar sus actuales funciones en este condado.

Los dos se marcharon, dejándo a los recientemente nombrados como bardo y bufón rodeados de guardias y más confusos de lo que estaban.
– Disculpadem señores.-Dijo el bardo después de meditarlo mucho- ¿Alquien me puede explicar por qué Henrik…
– ¡Lord Henrik! -añadió en tono pomposo el bufón.
– Eso. ¿Me podrían explicar el rápido nombramiento del duque?
Todos los soldados los miraron con cara de sorpresa hasta que Lell, ataviado con una túnica blanca irrumpió detrás de ellos.
– Ha sido capaz de mover el Meteoro Inamovible, por lo que, como pusieron los ancestros en los “Versículos de Eddings”, es el elegido para levar a Dantor a la paz y la seguridad en sus fronteras, cumpliendo las misiones más peligrosas. Depués de haberlos informado, ¿podrían seguirme para que le confeccionen sus trajes?

El resto fue todo parafernalia para dar a conocer al duque a la alta sociedad, pero el hecho de volcar la gran roca que nadie pudo mover, marcó un antes y un después en la historia de Dantor.

En los meses siguientes a su nombramiento y después de dar la sorprendente noticia a Yamiel y a sus respectivas familias, a Isaak y Emiliakus les instruyeron en sus diferentes doctrinas, pero aprendiendo tambien a hurtadillas estrategia militar para ayudar al duque de Sunal, mientras que a Henrik lo formaron para ser el gran duque que todos deseaban diplomáticamente hablando, pero militarmente fue imposible. Era demasiado torpe con las armas, por lo que el eunuco se hacía cargo de la defensa personal del jefe supremo de las tropas de Dantor.

Crónicas de Henrik (Introducción)

Más allá de las lejanas tierras de Etnem, en el país de Dantor, hubo un héroe por accidente del cual suelen hablar las leyendas de todo nuestro mundo. Fue el único capaz de mover el “Meteoro Inamovible”, con el pequeño empujoncito de un terremoto, todo sea dicho.

Henrik es un héroe atípico, ya que el seismo le hizo dejar de ser un simple campesino para convertirse en el duque de Sunal, la principal ciudad militar de Dantor, lo que le obligaba a participar en las misiones mas heroicas del reino gobernado por Elyob. El duque siempre acababa solucionando las diferentes misiones de las maneras más insospechadas, ya que nadie esperaba que un tipo rechoncho, bizco y con tantas dudas en la cabeza hiciera una a derechas.

Era un chico castaño de unos veinticinco años el cual siempre iba rodeado por dos de sus amigos y dos de sus súbditos impuestos por su Majestad: sus amigos formaron parte de su ciudadela, convirtiéndose en el bardo Isaak y en el juglar Emiliakus, más conocido por su dificultad en las rimas y sus meteduras de pata y, por otro lado, el general de las tropas de Sunal, Bjorg , y el eunuco exiliado de las tierras del sur, Lell. Juntos vivieron tantas gestas que son difíciles de resumirlas con una pluma, pero lo intentaré.